AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

sábado, 18 de julio de 2009

Mi descubrimiento del cine... y una excusa para hablar de algo más


A mis treinta y cuatro tacos soy uno de esos puretas que se crió en un hogar humilde con tele en blanco y negro, y para ver la serie
V me iba a casa de mi abuela, porque ella tenía tele en color. Además mi abuela me daba chocolate, producto que en mi hogar solo podía ver en las películas (y lo veía en blanco y negro, jolines).

Eran otros tiempos. Ahora hasta yo tengo una tele de plasma de 42 pulgadas... que dejó de funcionar un par de meses después de caducar la garantía. Sí, ríanse, que me lo merezco.

Con cuánto cariño recuerdo aquel día en que mi tío Antonio nos llevó a mis primos y a mí al cine por primera vez. También fue este mismo señor quien nos llevó a nuestro primer viaje en tren, pero esa es otra historia y por ahora la vamos a dejar. Volvamos a la primera experiencia cinematográfica:

No recuerdo qué edad podía yo tener, pero sabiendo la película que vi y buscando en la Red su fecha de estreno puedo calcular, con facilidad, que el entonces polluelo de chorlito tendría unos ocho años. La película no pudo estar mejor escogida por nuestro tío: E.T., del gran Spielberg. Yo descubrí el cine viendo a E.T. ponerse malito y blanquiñoso, pero con final feliz, aunque algo chungo porque acaba yéndose y pasando de nosotros. Sí, vale, se lleva una planta, pero eso no somos "nosotros". O sí. Quizá no somos tan diferentes de una planta. Cuando me paro a pensar en estas cosas llego siempre a la misma conclusión, por antiintuitiva que parezca en principio: el fenómeno de la vida es algo tan raro, tan inesperable, tan estadísticamente improbable, que bien merecido es considerar cualquier forma de vida como una parte de un mismo todo.

Y no, no hablo de un Todo en plan teosófico. Hablo del asombroso fenómeno de la vida desde un punto de vista puramente natural, sin implicaciones divinas. En ese sentido un abedul no se diferencia apenas de un cangrejo; ni un chimpancé de una cigüeña; ni un gato de una cucaracha; ni una estrella de mar de un rinoceronte; ni una alga de un humano. Estamos vivos, todos. Estamos vivos contra los pronósticos que aun siendo muy tolerantes nos darían por formas de vida prácticamente imposibles. Y sin embargo aquí estamos, y en este caso hasta estamos pensando en ello. Ningún autor de ciencia ficción ha ido tan lejos, porque hasta la más desbocada imaginación tiene unos límites... que la realidad supera.

Da un poco de miedo pensar en esto. Al menos a mí me preocupa, porque implica que cualquier forma de vida es igualmente valiosa como ejemplo de un azar aparentemente imposible... ¿pero cómo andar por el mundo sin aplastar una hormiga, sin pisar la hierba, sin matar millones de microbios cada vez que nos duchamos? No podemos evitarlo, de hecho a veces hay que matar para sobrevivir.

Aunque sí podemos evitar muertes caprichosas. Un buen comienzo sería acabar con ese negocio humano mal disfrazado de arte llamado tauromaquia, por no hablar del negocio disfrazado de negocio de la peletería. Y esto son solo dos ejemplos nimios, si es que algo hay de nimio en la muerte gratuita.

Podría ser un comienzo.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta como empieza la historia, yo la primera película que vi en el cine fue El libro de la selva, me llevo mi abuela, su hermano era acomodador y nos coló aunque pequeño me quedé con la copla, recuerdo que mi abuela me compro un dulce de crema antes de entrar y cuando apagaron las luces me dispuse a comérmelo, me puse hasta los ojos de crema, estaba deseando que terminara la peli, estaba agobiado y pegajoso.


Mondejar

Pajeú dijo...

- Gatito, gatito bonito, ¿dónde estás?...

Anónimo dijo...

¡Mondejar! El libro de la selva tambien fue la primera película que yo vi en el cine, claro que yo estaba acompañando a mi hijo de cinco años. Sí, el mundo cinematográfico apareció frente a mis ojos dos décadas después de mi nacimiento.


Paloma

Anónimo dijo...

Anda! que casualidad.

He visto en internet que en España se estreno en el 1968 y por quella epoca yo no era ni aspirante a cigoto. No entiendo como pude verla en el cine, comerme un pepito de crema y nacer 7 años despues... el caso es que la vi en el cine.

Un saludo.
Mondejar.

Paloma dijo...

Yo si que no entiendo nada pues mi hijo es del 1991. Sé que Chile es considerado como un país tercermundista pero de ahí a que una película sea estrenada ¡28 años después es descabellad!

En fin...


Paloma


Pd: ¿Esteeee... de qué iba la entrada?

Pataleos Digitales dijo...

Tienes razón, el ser humano no se diferencia tanto de la planta, vegeta, no se mueve, y algunos incluso tienen menos cerebro.