AVISO PARA LECTORES: Esto es un blog de desahogo personal y en ningún caso las opiniones aquí vertidas se corresponden con la postura oficial del Vaticano. Leónidas Kowalski de Arimatea es un personaje ficticio, y los gatos que escriben sus textos no comparten necesariamente su comida. Los autores no tienen nada contra las mujeres, y por lo que a ellos respecta pueden seguir constituyendo asociaciones feministas para dar pena y mendigar subvenciones.

martes, 24 de agosto de 2010

Pues hoy, tantos años después, a esta hora y en este blog, ¡el "ti" sigue sin tilde!


Pónganse en situación: instituto militar en régimen de internado, año 1992 ó 1993; profesorado íntegramente militar salvo alguna excepción en idiomas extranjeros; disciplina prusiana por la que casi hasta respirar era motivo de arresto; no existía como hoy existe un régimen disciplinario común para los centros docentes militares, sino que cada academia o instituto militar tenía sus propias reglas, lo cual propiciaba una arbitrariedad sin límites a la hora de considerar cualquier acto como constitutivo de falta disciplinaria.

Estando así las cosas este cabeza de chorlito fue a caer en manos de un capitán de artillería (hoy teniente coronel) que hacía un triste papel como profesor de Lengua Española en aquel Instituto Politécnico Número 2 del Ejército. Ignoro las virtudes como artillero de aquel oficial, que presupongo excelsas sin la menor duda; pero tuve la mala fortuna de sufrir a ese señor como profe de Lengua. Y hoy me voy a desquitar a mi manera. Ya ven, escribir un blog sirve para algo.

Aquel capitán -del que guardo un grato recuerdo, a pesar de todo, por muchas razones que no vienen al caso- era lo que se llama un "tío chulo". No era más chulo porque se hubiera muerto de pura chulería. Tan chulo era que se pasaba de chulito y llegaba a hacer el ridículo, como aquel día que nos dictó un texto y tras señalar a un alumno para que lo corrigiera en la pizarra nos preguntó al resto qué faltas ortográficas notábamos después de la corrección del compañero. En ese momento yo levanté la mano y dije que el pronombre "ti" no lleva tilde. Fue entonces cuando se armó la gorda. Así es como recuerdo la "discusión":

-Mi capitán, sigue habiendo un error en el "ti", porque el "ti" no lleva tilde.

-El "ti" es un pronombre y por lo tanto se acentúa siempre -me respondió aquel capitán de artillería convertido en revolucionario gramático.

-No, mi capitán, los pronombres se acentúan para distinguirlos de la forma de adjetivo, pero si no es necesario siguen las reglas generales de acentuación, y como el "ti" es un monosílabo...

-¡Hoy, en esta clase y a esta hora, el "ti" lleva tilde! ¿Te has enterado, Kowalski? -me interrumpió el capitán a gritos.

Así que aquel día, a aquella hora y en aquel lugar el puto "ti" lució una preciosa tilde sobre la tercera vocal de nuestro alfabeto. Al menos para mí, por orden de la superioridad. Pero al día siguiente volvimos a tener clase con aquel excelente gramático desperdiciado como artillero, y así empezó su lección magistral:

-Como les decía ayer, el pronombre "ti" nunca lleva tilde... -dijo con toda la desvergüenza del mundo.

Entonces un compañero díscolo, mientras yo me moría de rabia, exclamó:

-¡Eso no lo dijo usted, mi capitán; eso lo dijo Kowalski!

-¡Bueno, pues lo diría Kowalski! -respondió el artillero con un cabreo de mil pares de narices.

Y yo ahora, tantos años después, debo reconocer que aquel hombre lo hacía lo mejor que podía, y que al menos tuvo la decencia de informarse cuando un niñato como yo puso en duda sus conocimientos. Debe de ser jodido que te pongan a enseñar Lengua después de haberte instruido para dirigir cañones. El Ejército, por cierto, sabe mucho de instruirte en algo para luego exigirte hacer otra cosa radicalmente distinta, si lo sabré yo.

Así que hoy, a esta hora y en este blog, el "ti" no tiene tilde, mi teniente coronel. Se ponga usted como se ponga.

2 comentarios:

Cachalote dijo...

Bueno, el hombre al final rectificó, a su manera. Eso es mucho más de lo que hizo alguno de mis profesores del colegio.

Leónidas Kowalski de Arimatea dijo...

Sí, hay que reconocerle que el hombre tuvo su honradez. A su manera, eso sí.