Que sí, coleguita, que sí, que eres muy guay, pero baja ya la manita.
Lo que son las cosas. El 20 de febrero del año en curso publiqué en este blog la primera parte de un cuento titulado Los diversos suicidios del teniente Núñez, y poco después, el día 28, publiqué la cuarta parte, donde se dice acerca del perfecto y prometedor teniente:
"[...] con su gesto imperturbable de machote... cuando de repente se le cae el pantalón y quedan a la vista unas robustas piernas cubiertas con medias y ligueros de encaje, ¡por no hablar de las bragas rosas de lencería fina!"
Pues hete aquí que ahora, ocho meses después, el mundo ha conocido a un espécimen de brillante militar, el coronel canadiense Russell Williams, que comparte con mi ficticio teniente Núñez el fetichismo por la ropa interior femenina. Hasta aquí Leónidas 1 - Realidad 1. Sin embargo el coronel Russell Williams fue mucho más allá de lo que fue mi desgraciado personaje, como ya sabrán todos ustedes (y si no lo saben aquí lo tienen), ergo Leónidas 1 - Realidad 10 (por lo menos).

Este "asuntillo" del coronel Russell Williams supera de largo al otro "asuntillo" protagonizado recientemente por un teniente coronel español (y del que curiosamente solo se hizo eco la prensa local -¿por qué?-); pero uno y otro "asuntillos" me tocan especialmente las pelotas. A mí estos "asuntillos" de jerarcas militares me duelen, porque escogí la profesión militar creyendo aquello que decía el Soldado Lope de Vega :
Este ejército que ves
vago al yelo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda,
sino por la que el adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira como procede.
Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho
no adorna el vestido el pecho
que el pecho adorna al vestido.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás
tratando de ser lo más
y de aparentar lo menos.
Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.
Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.
Y me sigo esforzando por creer en las palabras de Lope a pesar de todas las traiciones que, sin tener que remitirme a noticias escandalosas, he sufrido por parte de mis jefes. A pesar de los pesares, aquí como me ven, tan irreverente y tan rebelde a veces, resulta que quiero a mis jefes, y mis jefes son todos los oficiales y suboficiales de países con los que España forme alianza. Por eso lo del coronel canadiense me jode hasta no saben dónde. Y por eso con él, si en mi mano estuviera, sería más duro que con cualquier otro; porque me inculcaron que mis jefes militares son lo mejor que puedo tener como jefe, y esto es una doble traición: me han traicionado como ciudadano, y me han traicionado como soldado.