(Viene de aquí).
Leónidas hizo un rápido movimiento y de repente vi que sujetaba a Gusifluky sobre sus rodillas con una mano mientras con la otra mano le aplicaba el cañón de la pistola contra el cráneo.
Continúa la transcripción.
Leónidas Kowalski de Arimatea: Siempre fuiste un sentimental, nenaza. Me pregunto cómo reaccionarás antes este dilema: ¿prefieres que le vuele la cabeza al puto gato o me darás la contraseña del blog para que pueda seguir creando a desgraciados personajes?
Dudé apenas un par de segundos, los que necesité para que la mirada ingenua y sorprendida del pequeño Gusi me convenciera. Lenta, furiosamente, deletreé la contraseña. A continuación Leónidas hizo los cambios pertinentes en la configuración de DCC para arrogarse todos los privilegios de administrador, concediéndome tan solo autorización para publicar entradas. En ningún momento soltó la pistola, pero dejó libre a Gusifluky, quien confiadamente permaneció sobre los muslos de aquel que lo había amenazado de muerte segundos antes.
Continúa la transcripción:
Leónidas Kowalski de Arimatea: Ahora vuelvo a tener el control. No puedes, estimado Soldadito, eliminar DCC ni hacer nada en este blog como no sea publicar tus mierdas. Sigue divirtiéndote mientras yo me voy a... bueno, adonde sea, porque Gavá ya la tengo muy vista, y además esos catalufos me echaron de la Coral Sellarés porque me salían gallos, según ellos, pero yo sé que me excluyen porque soy charnego.
Soldadito de Plomo: Vayas donde vayas será demasiado cerca de mí y del pequeño Gusifluky.
Entonces Leónidas dio un amoroso beso en el hocico de Gusifluky, se incorporó alejándose del estudio sin dejar de encañonarme con la pistola, abrió la puerta que daba salida a la calle y tras cruzar el umbral...
Continúa la transcripción.
Leónidas Kowalski de Arimatea: Sabes que volveré, ¿verdad? Me voy porque tengo asuntos pendientes allá donde nuestro blog no puede llegar, pero cuando acabe con eso volveré. Entiéndelo, Soldadito.
No respondí pero lo miré fríamente mientras cerraba la puerta con delicadeza a sus espaldas. Cuando se hubo marchado respiré muy hondo.
Continúa la transcripción.
Gusifluky de Kowalski y Sanabria: El numerito de amenazarme con la pistola lo ensayamos hace un rato mientras dormías. Era puro teatro; papi nunca me haría daño. A veces, Soldadito de Plomo, pareces un pelín gilipollas.
Y aquí estoy ahora, un 30 de mayo, mirando con desconfianza a Gusifluky, que a su vez me mira con esa sonrisa enigmática suya, como advirtiéndome que él es dueño de arcanos que yo no puedo imaginar. Mientras tanto espero que Leónidas aparezca en cualquier momento, quién sabe con qué intenciones.
El cine de Buñuel contado por uno de su pueblo
Hace 18 horas