
(Cuando estoy liado con una historia por entregas no me gusta interrumpirla para hablar de otras cosas. Hoy sin embargo haré una excepción, y creo que es la primera vez; lo necesito. El lector me perdonará, y yo podré seguir durmiendo, o bien el lector no me perdonará, en cuyo caso dormiré igualmente).
En Zaragoza un hombre está encarcelado por follar consentidamente con una mujer. Curiosamente la mujer goza de libertad, de una libertad que aprovecha para proclamar a los cuatro vientos que la jodienda fue cosa de los dos.
De acuerdo, no escatimaré datos: la mujer tiene 15 años y el hombre 43, y la mujer es alumna del hombre.
¿Y qué?
Según nuestra legislación la edad mínima para consentir relaciones sexuales se establece en los trece años (una edad biológicamente acertada aunque muchos meapilas se escandalicen), entonces, si estos dos tortolitos superaban tanto por una parte como por la otra dicha edad, ¿por qué hay un hombre en la cárcel? Pues porque alguien se ha sacado de la manga una supuesta agravante de prevalimiento (esto es que el hombre, profesor de música de la mujer, se aprovechó de su condición de profesor para influir en ella). No obstante la implicada afirma que lo que sucedió fue por su gusto, pero da igual. Que si quieres arroz, Catalina.
-Así que ese hombre malo abusó de ti, pobre criatura indefensa.
-¿Qué está usted diciendo? ¡Oiga, que yo estaba encantada de trajinar con ese maduro tan interesante!
-No, hija, no. Lo que pasa es que tú no sabes lo que dices.
-¡Pero bueno! Si sabré yo qué es lo que me moja a mí la rajita...
-¡Ay, Señor, perdónala, pues no sabe lo que dice!
Me imagino también la conversación del profe con el poli que lo detuvo:
-¡Te vas a comer un marrón como la manga de un brujo!
-¿Pero qué he hecho yo?
-¡No te hagas el tonto, asaltacunas!
-¿Cunas? ¡Que ese bombón tiene quince años y dos tetas como dos catedrales!
-¿Sí? ¿Y desde cuándo los yogurcitos se dejan percutir por viejales? -pregunta incrédulo el poli, que es cuarentón, calvo y barrigudo.
-Pues usted no sé, pero yo siempre he tenido mucho éxito.
-Éxito el que vas a tener entre los bujarras de la prisión, triunfador, que eres un triunfador.
Qué mal lleva esta sociedad hipócrita y envidiosa que alguien pueda ser feliz follando a destajo, caramba. Por lo que he podido leer en diferentes sitios nada indica que hubiese prevalimiento. En lugar de eso la chica se está desgañitando exponiendo la inocencia de su amante, ¡pero qué importa lo que la "víctima" declare! Porque, no nos engañemos, aquí no se pretende proteger a una menor; se está castigando a un hombre por hacer realidad el mismo sueño que tantos fiscales, policías, y padres de adolescentes tienen o han tenido.
¿Doble moral?, bah, es mucho más sencillo, y se llama envidia o celos. Envidia en el caso de tantos hombres que están linchando al profesor y que mientras penetran a sus ajadas esposas en la intimidad de sus conciencias sueñan con las prietas carnes de nínfulas quinceañeras; celos en el caso de tantas señoras que se saben inevitablemente derrotadas por la insultante belleza de la generación de féminas que ha de relevarlas.
Prevalimiento, se le supone al profesor a pesar de las declaraciones en contra de su percutible alumna, y una vez más la presunción de inocencia se va de vacaciones, como hace siempre -tan oportuna ella- cuando la hipotética víctima es mujer o menor de edad. ¿Cómo no iba a hacer las maletas ahora que se dan ambas circunstancias? ¡Otro hombre entre rejas acusado de salirse del rebaño!
Aunque quizás -puestos a hilar fino- lleguemos a la conclusión de que cualquier mujer que sienta preferencia por un profesor, o por un jefe, o por un mentor, o simplemente por un amigo sabio y buen consejero, y que decida acostarse con él, estaría siendo víctima de un abuso con el agravante de prevalimiento. Sí, puede ser, de hecho es habitual que las mujeres se bajen las bragas ante cualquier forma de autoridad. Si eso es punible cabe preguntarse cuántos de nuestros padres deberían estar en la cárcel, y cuántos de nosotros no deberíamos haber sido engendrados.
Por mi parte confío en que el profesor de música del IES Avempace sea puesto en libertad próximamente, y que lo celebre con un buen polvo con su quinceañera amante, si es que para entonces esta sociedad de aguafiestas y soplapollas aún no ha convertido a la muchacha en otra triste marioneta al servicio de lo políticamente correcto, sea eso lo que sea.
Hacedme un favor, reprimidos del mundo: ¡dejad a la gente follar en paz y meteos en vuestros asuntos! No busquéis delitos donde solo hay sueños cumplidos.